No quiero ponerme a filosofar sobre lo vacíos que andamos casi todos y sobre nuestros intentos de llenar esas carencias con cosas, con personas, con relaciones...
No quiero porque las cosas son más sencillas. Si somos vampiros energéticos, somos ladrones de las buenas vibraciones de la gente. No podemos dejar de pensar que vamos a recibir. Y si somos nosotros los que damos, es porque esperamos recibir algo a cambio. Y si no lo recibimos, nos frustramos. Si damos mucho, nos quedamos más vacíos porque esperábamos una respuesta desde la otra parte. Y si no llega, nos duele.
A veces el que recibe, no aprecia lo que le das, y por eso huye. Cada uno lleva una carga, un vacío interior que nos aleja del amor desinteresado.
La energía ni se crea ni se destruye. El amor se crea y se destruye.
Más en el fondo de todos mis sentimientos, se encuentra mi vacío. El que pretendo llenar como si fuera un vampiro energético cualquiera.
Sé que me encontraré a mí misma cuando sea capaz de dar sin pedir nada a cambio. Y cuando sea capaz de recibir sin sentirme amenazada. Cuando el amor no pare de crearse en mi interior y llene todos mis vacíos.
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