lunes, 5 de septiembre de 2016
La comida de la cafetería del hospital, un respiro
Bueno pues básicamente, aquí algunas fotos de lo que he comido estos días en la cafetería del hospital. Llevo dos semanas y media yendo, sin contar los findes, claro está. Y no he engordado nada. Peso lo mismo, esta mañana 49,4 para ser exactos.
La verdad es que por ahora estoy muy contenta porque veo que al menos una comida al día la hago bien. Los platos son muy variados, siempre escojo el que lleva pescado. Y ponen mucha cantidad, a veces hasta me queda comida en el plato.
Pero como se puede ver, pescado, verduras, y algo de feculento siempre. También he comido lasaña de verduras y pescado y arroz de pescado (aquí le dicen paella, pero ni de palo). Hay algunos días que llevan más grasa que otros, y las salsas puedes pedir que no te pongan, pero yo sólo un día dije que no me pusieran, porque en general no son demasiado pesadas o al menos a mí me sientan bien.
Son platos que yo no me haría para llevarme en el tupper. Jamás.
Así que perfecto. Y me hacen descuento por trabajar en el recinto. Otra ventaja es que no me da hambre por la tarde, nada de hambre, así que no tengo tentaciones de ir a la máquina de chocolates y demás mierdas. Y llego a la cena como una reina, vamos, estoy sorprendida, ceno bastante ligero.
Respecto a los ataques de ansiedad, pues, intento controlarlos. En el metro por las mañanas me llevo un audio de meditación.
Y en el curro, todo sigue igual, pero creo que yo sufro ahora un poquito menos. Es como si observara que estoy así, desganada, tristona y alterada. ESo es lo que siento. Y no paro de observarme. No lucho para cambiar eso. No lucho contra mí misma para cambiarlo. Así que eso me evita un poco la ansiedad. Sencillamente, me digo, ok, estás mal. No pasa nada, lo puedes soportar. Tranquila. Respira. Sé consciente de la consciencia. No drama. Sencillamente, vale, sufres. Pero no pasa nada. Ya pasará. No me voy a forzar. Así es como estoy ahora.
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