lunes, 19 de diciembre de 2016

Por el momento, estoy bien

Ya estoy en España. He venido a casa de mi madre para pasar aquí unos días. Sigo estando contenta en general, de ánimo sigo bastante bien.
La verdad es que venir ha sido como quitarme un gran peso de encima. Sobre todo pensar que no tengo que volver...es una liberación. Es suficiente para estar feliz.

En cuanto al peso, creo que estoy en 49,5 o así, y digo creo porque sólo me puedo pesar en la balanza no digital. A mi balanza digital se le han acabado las pilas y son de ésas de botón grande y no consigo encontrarlas.

Con todo el estrés de la mudanza y demás, me dieron cólicos y por eso creo que perdí un poco de peso.
Mi madre, por supuesto, no para de decirme que qué delgada estoy y que se me notan los huesos y que no me cuido... No deja de decir que no como bien que no disfruto con la comida. La verdad es que con la edad que tengo y que mi madre siga diciéndome esas cosas, más que cansado es ridículo además de exagerado e incorrecto. Porque una madre es una madre, y mi madre es de aquellas que quieren que sus hijos sean gordos y sanos. Que coman y coman. Lo tiene metido en la cabeza desde que yo era pequeña.
Pero no quiero escribir sobre eso, porque en serio, me mata y ahora que estoy feliz no lo quiero estropear.

Estoy muy contenta también porque no tengo nada de hambre. Es decir, puede que sea la tranquilidad de estar aquí y no tener miedo, que estoy de vacaciones, que no tengo que ir a reuniones, que no tengo obligaciones hasta enero. Y eso mola. Hay un montón de dulces y de comida en esta casa, pero en serio, no tengo ninguna tentación y eso, no me había pasado nunca. Es que no me apetece, y cuando me apetece, sé que es de cabeza, no de estómago. Me lo pide la cabeza pero no el estómago. Así que no como.