48,6.
Estoy muy nerviosa.
Intranquila.
Debería estar contenta, pero para nada. Es curioso, eh?
Y anoche, escribí esto:
Tengo edad para tener una autoestima normal y para aceptar mi propio cuerpo.
No soy una adolescente. Ni una post adolescente.
Soy una mujer adulta que debería cuidar de sí misma.
Sólo me dedico a odiar dos sensaciones: el hambre y el hastío.
Nunca un equilibrio.
Escribí sobre mi fealdad:
Érase una vez, una mujer tan fea....pero tan, tan, tan, tan fea...que no podía salir a la calle. Su pelo era áspero como el estropajo al tacto. Su boca era fina, tan fina que el labio superior pasaba desapercibido. Tenía tantos pelos en el bigote y tan negros y fuertes como las cerdas de la escoba. Las imperfecciones, granos y manchas de su rostro lo ocupaban completamente, de manera que no podías distinguir una tonalidad de piel. Sus ojos: uno aquí y otro allí. Uno más alto y abierto, otro más bajo y pequeño. Tenía una nariz tan grande y tan ancha, tan invadida de puntos negros, que horrorizaba siquiera mirarla de reojo. Y sus cejas...ay, sus cejas. Eran dos matas de pelo desordenado en mitad de la frente.