martes, 25 de octubre de 2016

omnifobia, el miedo se expande

Me siento tan mal, tengo tal opresión en el pecho... y esta mañana he estado a punto de no ir a trabajar, con un dolor de estómago extremo por puros nervios, ansiedad, estrés y un NO rotundo, un NO querer más.
Es que estoy trabajando y estoy en tensión, y antes de las reuniones me pongo a temblar y me pongo malísima.
Es posible que le haya tomado miedo a ir a trabajar?? Como si fuera al matadero, como un cordero? Pero no es el caso.
Y mi trabajo no es tampoco de un estrés máximo, a ver, que si me equivoco ni se muere nadie, ni estrello aviones, ni pierdo millones de euros.... Vamos, un trabajo normal y corriente, joder, y parece, pues eso, que fuera yo controladora aérea o neurocirujana.
Es posible que este periodo en lugar de enriquecerme me haya empobrecido y embrutecido? Ya sé que hace dos días pensaba que no, que había aprendido mucho y patatán, que ya no soy inmadura, blablaba, que es una experiencia y demás.....parole, parole, parole.
Hoy me veo y digo, pero si estás hecha una mierda, por favor. Si te han quitado las energías, la motivación, las ganas; incluso te han minado la moral y la autoestima, no han confiado en ti, no han apostado por ti; pero lo peor de todo, que yo misma no he confiado en mí. No he tenido cojones de aguantar aquí. No he querido seguir aprendiendo y creciendo de verdad.

Pero qué digo, qué digo, que no, que ya lo tenías claro que el ambiente es horrible (pero qué ambiente de trabajo es bueno...). Y la cabeza, pues eso, sin parar de pensar. Los pensamientos van a toda velocidad.
Dentro de mi ser, lo que necesito es salir corriendo, huir, volar, un abrazo de verdad, un todo va a ir bien a partir de ahora, ya lo verás. No un abrazo cualquiera, un abrazo de amor de verdad, aunque sólo durara un instante pero que fuera real.
Quiero perderme, quiero irme. Pero no quiero volver a lo que no ha cambiado. Porque sí ha cambiado, o no. No lo sé.
No quiero estar con personas con las que hablas y resulta que son vampiros energéticos. No quiero dar explicaciones de lo que hago o dejo de hacer. No quiero justificarme, no quiero, joder. Y tengo esa puñetera tendencia de dar explicaciones por todo, y por si fuera poco, adornarlo con emociones y por lo que siento. Que no, joder, que no. Que eso es tuyo y forma parte de ti, que no expliques más por qué te vas!! te vas porque quieres y porque puedes, y punto en boca ya, hombre. Que ya está bien. Que no des explicaciones!!!!!! que nadie te las pide!! y si te las piden, que no las des!!! les preguntas tú a ellos qué van a hacer de aquí a 5 años? o que por qué aguantan a jefes miserables, que por qué se prostituyen por cuatro cochinas perras al mes?? Estoy harta.

Como es posible que mis pensamientos hayan dominado todo mi ser de esta forma, no puede ser, no puedo dejar que esto siga así. No todo puede ser malo. Hoy me preguntaba un compañero que ha llegado hace poco que si me gustaba la ciudad. Y lo cierto es que le he cogido manía a todo: al metro de aquí, a todas y cada una de las calles por las que voy, al lugar de trabajo, a los alrededores del trabajo, al clima, al frío, al jefe, a los compañeros... Tengo panofobia.