lunes, 16 de mayo de 2016

tomándomelo un poco en serio

Pues ya fui y ya he vuelto. Como me temía, mi ex supervisora en España, que es bastante mal bicho, siempre tiene que hacer un comentario de mi físico y normalmente, me suele decir que estoy más delgada, sin criterio ninguno. Bueno, pues esta vez, me dijo la siguiente perla, transcribo literalmente porque merece mucho la pena, y lo dijo delante de todos:
-Uy, te voy a decir una cosa, no sabes qué?
- y le digo - sí, que estoy más gorda
- Pues sí, estás más gorda pero estás mejor. (Me lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja, que yo le hubiera partido toda la cara de bicho que tiene y me imaginaba psicópata perdida buscando un cuchillo para cortarle hasta los pelos del oído).

Pero a cambio, asentí, sonreí y seguimos hablando de otra cosa. Disimulando como si yo no odiara todos los comentarios acerca de mi físico: estás más guapa, estás más gorda, estás más delgada, estás ojerosa, tienes mala cara...

Respiremos.

Esos tres días, como soy súper retrasada, decidí comer bastante. Me pasó factura, claro. Las dos últimas noches no pude cenar de lo que me dolía la barriga y lo mal que me sentía.
Cuando por fin terminó mi estancia en España y llegué a casa, fui directa a la báscula, creía que por lo menos pesaría 53, qué sé yo. Pero no, sigo pesando lo mismo: 50,5 por las mañanas y 51 y algo por las noches. Así que me dije a mí misma:

No estás gorda. No estás más gorda. Estás como siempre. Si determinado tipo de gente tiene detectores para saber si has engordado o adelgazado medio kilo, es su puñetero problema. No estás más gorda. QUE NO. Llevemos ese pensamiento a la papelera de reciclaje: deseas eliminar el archivo definitivamente?? sí, por favor. Elimina también el archivo de supervisora en España: nunca más colaborar con ese bicho. Deseas eliminar definitivamente a esta víbora del infierno?? Oh, sí, gracias.

Bien. Eso no quita que yo no quiera adelgazar, claro. Lo que me da rabia es que en el fondo sea por la gente. Porque odio que me juzguen por el físico. Quisiera llegar a un peso en el que no me juzgaran ni me dijeran nada de nada. Y eso es imposible. Me la tendría que bufar todo. Sin embargo, ya no odio mi cuerpo como antes. Me acepto un poco más, y me intento defender, digo, pues si soy una mujer, pues tendré que tener pecho y más porcentaje de grasa, porque es lo que toca y porque si eso no va a cambiar, para qué vas a luchar, acéptalo y punto. Pero no puedo. Porque sé que podría cambiarlo. Y de verdad, lo voy a intentar por última vez. O por penúltima vez.

Desayuno: All bran con coca cola light
Media mañana: una torta de arroz

Veremos cómo sigue el día.