lunes, 28 de noviembre de 2016

Felicidad contenida, sólo por este momento.

Llevo unos días de felicidad contenida como no os podéis imaginar. Es que tengo ganas de saltar, de bailar, de gritarle a todo el mundo mis planes futuros y cómo los voy a conseguir. Pero no puedo. No puedo porque si hablo de ellos, vendrá el temido qué dirán. Estoy feliz y lo quiero compartir y no puedo. Porque tengo miedo de que me roben mi felicidad, con negatividad o lo que es peor: con indiferencia. Sé que es una tontería, que si estoy feliz, pues estoy feliz y a volar. Pero me gustaría tanto que la gente a la que yo considero importante se alegrara conmigo.... EStoy deseando contarlo y no lo puedo contar. Es que aún no es real, no puedo ser como la lechera. Es la felicidad de la anticipación. Por eso también me tengo que contener, porque aún no ha pasado nada.
Y no se me puede olvidar todo lo que he aprendido aquí: que no hay que correr, que no hay que acelerarse, que hay que vivir cada día apreciándolo mucho y sobre todo, no desperdiciarlo y no tener miedo.

Me quedan tan pocos días para volver a España... Estoy feliz. Feliz. Sólo tengo miedo de que la gente no se alegre conmigo. De la indiferencia. Tengo miedo y no puedo tener miedo. Estoy feliz y no puedo estar feliz.
Me acelero y en la vida no hay que acelerarse. Anticipo y me pierdo el ahora. Ayer estaba tan contenta que les mandé un vídeo a unos amigos de un espectáculo de luces y sonido porque me pareció maravilloso, bueno, pues me dijeron que: menuda horterada. Captamos a lo que me refiero, no?? A que yo estoy feliz y emocionada y quiero que todo el mundo lo esté. Pero no. Yo estoy feliz y el mundo no me acompaña. Joder, para una vez que puedo decir que estoy pletórica.

Hoy, por ejemplo, en un afán descontrolado de compartir mi felicidad cuando una compañera de trabajo me ha preguntado cuál iba a ser mi siguiente paso... me he emocionado contándole mis planes y mis anhelos y me ha dicho: "creo que primero tienes que poner por delante tus prioridades, y una vez que lo hayas hecho, decidir qué quieres hacer. Porque si no, vas a volver a perder el norte". A este tipo de comentarios es a los que tengo miedo. Porque que me lo diga esta chica, que ni me va ni me viene, pues tiene un pase. Pero que me lo diga la gente a la que aprecio... que me digan que mis planes me van a llevar a perder el norte DE NUEVO....

El caso es que la primera vez que escuché esta frase, fue de boca de mi padre. Cuando le dije que iba a empezar un trabajo, sin dejar los estudios, y me dijo: "cuidado, a ver si te voy a tener que comprar una brújula..."

Sé que no hay un camino a seguir. No hay nada marcado. Sé que me puedo perder muchas veces, sé que tengo que establecer prioridades, pero odio que me juzguen. Porque yo tengo derecho a decirme de todo, a decir que soy una fracasada, a decir que estoy perdida en la vida, a decir que soy una gorda oronda y una fealdad en estado puro... Pero tener que escucharlo en la boca de la gente que me importa... Me toca bastante la fibra.

Por eso tengo que moderarme, no contar mis planes a nadie, o si acaso, muy por encima. Nadie cuenta su vida al detalle, si me preguntan, me tengo que limitar a decir vagamente que sí, que tengo planes, pero que voy a ir poco a poco. NADA, no puedo contar NADA. Y si las cosas salen, pues salieron. Guardaré mi felicidad para mí. Porque es mía, y ya está. Nadie va a comprenderme porque yo soy como soy. Y me volveré a perder, y qué? Hasta que no encuentre mi sitio no voy a parar. Y si nunca lo encuentro, pues como dicen, disfrutaré del camino.

Se puede ser feliz teniendo los pies en el suelo?