Claro que quiero ser delgada para siempre. Sin altibajos de ánimo, sin dolores de estómago, sin pensamientos obsesivos. Claro que quiero.
Este finde he estado enferma. Con dolores de cabeza y de estómago y náuseas. Me he sentido desde el viernes realmente mal.
Sé que comer cualquier cosa, es maltratar al estómago y al cuerpo.
Desgraciadamente, la vida social gira en torno a salir y tomar algo. O no salir, pero tomar algo igualmente. Picar, comer, quedar para cenar. Quedar para tomar café. Consumir sin parar. Tapeamos? Unas cañas? Unos tintos? Una copa?
Y si sales y no tomas, no picas, no comes...entonces eres una rara. Y la gente te observa, y te mira, y te dicen, y nadie entiende tu forma de comer.
Y si dices que te duele el estómago, o la cabeza, o todo a la vez, entonces eres una aguafiestas y una quejica.
Cuando como más de la cuenta, yo siempre lo registro. Y ahí queda. Sé que esta semana que viene tengo que depurarme y mucho. No me quiero pesar. Pero porque no quiero ver que de nuevo peso un kilo más.....
Además, estos dos días he visto a muchas personas que hacía tiempo no veía. La gran mayoría están casadas y con hijos. Y más descuidadas. Pero no parecen preocupadas por su aspecto. Son madres, tienen casa, marido, hipoteca...
Me veo tan lejos de este estilo de vida que a veces me asusto, porque no sé a dónde me dirijo. Porque mi egocentrismo sólo hace que me mire el ombligo, pero al mismo tiempo me siento como un guisante negro dentro de una soberbia cosecha de ejemplares verdes. No tengo un rumbo, un aliciente, una ilusión que merezca la pena.
Entonces, es verdad que hay más palabras para describir sensaciones y pensamientos negativos. Al menos, a mí se me ocurren a pares.
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