Bueno, voy a empezar.
Mal, todo mal.
En las fiestas, la lié parda. Cómo no. No podía estar calladita dos semanas y mantener la compostura. No. No podía, sencillamente, engancharme a la botella de vodka negro o a la de anís del mono o a la de ron pompón. No. Yo tenía que darle las fiestas a las únicas personas que me quieren, y así llamar la atención. Tenía que enfadarme, cabrearme, patalear y tener una mala actitud. Como si fuera una niñata, qué vergüenza.
Y llorar y llorar. Y desear volver a estar sola cuanto antes. Y querer irme antes de tiempo. Como una desagradecida y una inconsciente tiparraca. Qué asco doy. Lo sé.
Lo peor de todo, es que cuando me quedo sola, sigo llorando. Porque me doy cuenta de que huyo. No me enfrento. Me estoy pasando mi hipnótica vida alejándome de los problemas y de las alegrías. Me estoy estancando en la tristeza y el enfado. Incluso en la envidia maligna. Porque no consigo nada, ya que no hago absolutamente una puñetera "o" con un canuto.
La única salida es querer salir. Esforzarme en sonreír, en querer a los que se preocupan tanto por mí, a los que hago sufrir con mi actitud. Y a los que se preguntan qué coño me pasa o también: qué moscarraca le habrá picado a esta gilipuertas hoy, cojones?
Me gustaría volver a centrar todos mis problemas en la comida. Ahora que están todos fuera, no puedo manejarlos. Me desbordan.
No entiendo porqué no quiero salir y ser feliz. No lo comprendo. Y sigo sin aceptarme a mí misma. Gordura y fealdad, por dentro y por fuera.
1 comentario:
No sé cómo eres por fuera, pero te veo por dentro y te juro que me jode un montón que digas estas mierdas.
Ojalá fuera alguien "real" en tu vida para decirte y que me creyeras cuán jodidamente equivocada estás.
Publicar un comentario