
Al fin hoy vuelvo a mi casa. A la de verdad. Y allí podré hacer lo que me dé la santísima gana. Vuelvo al trabajo (y quién lo diría, tengo unas ganas locas de meterme allí de 9 de la mañana a 7 de la tarde...eso me ayuda a no sentirme una inútil).
He pensado que hoy no voy a desayunar, ni a cenar, evidentemente. Y que a partir de mañana, me voy a tomar un suplemento de magnesio y voy a comprarme hierro para la ferropenia.
No sé qué desayunaré por las mañanas, tal vez un zumo o algo así. O una infusión.
Las comidas las tengo claras, algún pescado pequeño hervido y verduras hervidas igualmente.
Nada en la cena, o una fruta o yogur desnatado.
Voy a tirar toda la comida que tenga en casa: galletas, pastas y arroces, ni verlos quiero. Nada de pan, ni de salsas, ni de quesos que no sean extremadamente desnatados.
El año pasado por estas fechas tenía una ilusión: llegar a pesar 47 kilos.
Este año, me da absolutamente igual. Lo único que quiero es dejar de comer, dejar de sentirme una mierda absoluta en un cuerpo que es una cárcel.
Quiero quedarme en mi casa (en la de verdad). No quiero volver a pasar otro diciembre como este.
Odio las fiestas. Menos mal que ya se han acabado. (Porque reyes, eso sí que no, por ahí no paso).
Mi propósito de este año es: huir de las fiestas el año que viene.
Lo más curioso de todo esto, es que por mucho que quiera huir e irme lejos, los problemas van conmigo allá donde yo vaya.
1 comentario:
En el ultimo parrafo tienes muchisima razon, no se puede huir de los problemas nena. Pero puedes hacer algo por solucionarlos en un sitio en el que estes mas comoda, como es tu casa. Suerte con ello!
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