martes, 7 de diciembre de 2010

STOP consumo

Creo que he llegado al límite de mis fuerzas y de mi ánimo. Me siento triste, decepcionada, frustrada, enferma. No tengo ganas de nada. Me levanto sin fuerzas, me arrastro al sillón, me paso aquí las horas. No estoy haciendo nada. No me esfuerzo en estar mejor. Estoy sentada, enfadada y resentida. Miro por la ventana y la rabia se incrementa en un 50%. El tiempo es horroroso, muy nublado, llueve... Hace frío. Odio el otoño, odio el invierno y odio el frío. Pero lo que más detesto en lo más profundo de mi corazón, es la puta navidad. Cómo me gustaría borrar del calendario el mes de diciembre entero. O si no me permitieran borrarlo entero, al menos quitaría el 24 y el 31. No quiero cenar en nochebuena y no quiero celebrar la nochevieja. Sencillamente, porque no tengo nada que celebrar. No tengo ilusión. No hay absolutamente nada que me haga feliz. Hay personas que viven felices, o al menos lo intentan. Yo no. Yo estoy amargada, y además, rendida.

Estoy peor o igual que el horrible verano que pasé en el pueblo de mi padre, peor o igual que el verano del 2005. Estoy muy deprimida. Tal vez debería ir otra vez al psicólogo. Pero ni siquiera tengo ganas. No me apetece salir de este agujero que yo solita me he creado. Tal vez, cuando pase este horroroso mes de diciembre, me pueda sentir un poco mejor. No lo sé. Me quejo mucho y no tengo verdaderos motivos para hacerlo. Sólo es que yo estoy hundida y derrumbada. Vacía.

Antes me consolaba irme de compras, o a mirar escaparates. O ir al cine. Ahora, siento que soy una asquerosa consumista. Y que las multinacionales son más asquerosas todavía, que intentan hipnotizarnos. Vivimos en una sociedad de consumo de mierda, ya no pensamos, ponemos la televisión y salen esos personajes que dan vergüenza ajena, no nos informan como es debido, intentan controlarnos, hacernos clones, anestesiarnos; la desinformación es cada vez mayor, internet nos aísla más que acercarnos. Por eso ya ni pongo la tele. Internet, me sirve de escapatoria, es mi ventanita. Pero estoy yo sola.

Cuando voy a comprar, aunque sólo sean unas manzanas, y entro en una cadena de supermercados, siento que en el fondo es otra multinacional, y que a saber de dónde habrán cogido las manzanas, y qué les habrán pagado a los pobres campesinos por esas manzanas. Pienso si serán de invernadero....Pienso cuánto tiempo habrán estado congeladas....Me siento engañada.

Entonces sé que debería comprar en otras tiendas, más locales, que me puedan garantizar que el producto es fresco, y que la transacción ha sido relativamente justa. El comercio justo no existe. Porque es injusto por definición.

Y en las tiendas de ropa me pasa lo mismo. Antes me ilusionaba. Ahora sólo pienso en que nos dejamos llevar por las modas, las músicas que nos ponen las tiendas del grupo inditex (por poner un ejemplo) y el consumo masivo. Multinacionales como la copa de un pino, y nosotros como zombies comprando y comprando y volviendo a comprar. Consumir hasta la muerte.

No me gusta este sistema. Y quisiera escapar. Otra ciudad u otro país de clima cálido todo el año, cultivar un huerto, tener perros, gallinas y gatos. Probablemente me buscaría muchos motivos para ser infeliz. O me iría a ayudar a los que verdaderamente lo necesitan. Y entonces me pasaría lo contrario. Añoraría la ciudad, las tiendas, los coches y hasta el sistema de mierda???

Estoy muy perdida y cada vez la pelota se hace más y más grande. Como la bola de nieve que se cae montaña abajo.

Por ahora, vuelvo a lo de siempre. No comer o comer lo mínimo.
STOP al consumo. Pero ni siquiera eso me hace sentir mejor.

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